CARIDAD O DERECHOS SOCIALES

Soy consciente de que el tema que se aborda despierta sentimientos enfrentados. Por un lado nos encontramos las personas que luchamos para que no se pierdan los derechos sociales adquiridos, a lo largo de generaciones, en sustitución de una “caridad” que lo único que hace es poner parches a la maltrecha situación personal de determinadas personas.
Nuestra Constitución, lo refleja claramente, tan solo tenemos que cumplirla.
Art.14: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Art.41: Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente, en caso de desempleo. La asistencia y prestaciones complementarias serán libres.
Quizá leyendo estos dos artículos entiendan por qué a muchas personas que trabajan por los derechos, la inclusión social y la dignidad de las personas pobres o en exclusión  social se les  eriza el vello  cada vez que ven programas de televisión que se dedican a “seleccionar”, no sabemos bien con qué criterios, a los más desgraciados/as de esta sociedad inmovilista que permanece inmutable ante la pérdida de los derechos sociales que con tanto tiempo, esfuerzo e incluso vidas humanas se consiguieron y “además” se creían  consolidados “por los siglos de los siglos”.
Mientras vemos como en la televisión  nos muestran  la vida “privada” de algunas familias, seguimos sentados sin salir a la calle y reclamar nuestros derechos; ese es el problema. Derramamos  una lágrima ante personas que están en situación de desamparo.
 Nos falta el coraje y la actitud para reclamar lo que es nuestro en la calle, en las asociaciones, continuamos en actitud sumisa, con mentalidad de esclavos, mientras la sociedad, y en su nombre, el gobierno (legitimado en las urnas, como tan pomposamente nos repiten una y otra vez)  permite que los bancos sigan desahuciando, y condenando a la población a un futuro sin esperanza.
No es mi intención hacer una crítica  a las personas que buscan ayuda y se aferran a un “clavo ardiendo” y  que buscan dinero, trabajo o lo que sea  para pagar costosos tratamientos de seres queridos, o tratan de solucionar problemas que requieren una solución inminente. Sin embargo, resulta indignante que se vean obligados a ello porque el Estado les insulte y no cumpla con su obligación constitucional.
Estado de derecho, justicia social, respeto…palabras que cada día suenan más extrañas porque lo cierto es que cada vez vemos más llamadas a nuestra solidaridad para solucionar problemas y tragedias personales. Esto antes era una obligación del Estado pagada con nuestros impuestos y ahora es tan sólo nuestra responsabilidad.
 “Del estado del bienestar a una sociedad participativa“, decía hace poco el Rey de Holanda, vergonzoso.
Insisto, a las personas que se están buscando la vida, no hay nada que criticar, todo lo contrario. Tampoco pretendo hacer una crítica a las organizaciones para quienes estas actuaciones son medidas de emergencia mientras siguen luchando por la dignidad, los derechos sociales y la inclusión de las personas. Pero es muy distinto ver como cada vez más organizaciones y medios de comunicación lo convierten en un fin en sí mismo.
 “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.”  Como dice Eduardo Galeano
“Entre todos”, programa de la sobremesa de TVE, es un buen ejemplo para el debate. Es indigno e inmoral que nuestro dinero se dedique a programas como este donde se pide caridad para personas que deberían estar protegidas y amparadas por ley: personas con enfermedades “raras”, problemas graves de salud, personas en situación de dependencia o en riesgo de exclusión social.
Los medios de comunicación movidos por mantener altos sus índices de audiencia, ven en estas situaciones un filón de oro porque provocan la  noticia y promueven la lástima, las  lágrimas, el victimismo, la frustración, la segregación,  la injusticia y la discriminación.
Esta muestra de la situación real que se vive en nuestro país es incómoda, por no decir otra cosa, para un gobierno que trata de vender en el exterior la “Marca España” y las bondades de nuestra “recuperación económica “.
Algunos colectivos profesionales han rechazado participar en este programa, al considerar que contradice su Código Deontológico y promueve la sustitución de los derechos sociales por la caridad, sin respetar la dignidad de las personas y así lo han denunciado ante la Defensora del Pueblo por utilizar a menores para una mejor puesta en escena.
Derechos siempre, pero los de todas y todos, los de los que buscan un bien común y los que defienden los suyos en particular. Está claro que mientras sigamos luchando por causas individuales nada cambiará y fomentar y premiar este tipo de iniciativas individuales interesa también a los que no quieren que nada cambie.
Cada vez más medios de comunicación y más ONGs sin escrúpulos están volviendo al “todo para los pobres pero sin los pobres”, a un asistencialismo rancio pero rentable.
Los recortes y eliminación de las partidas sociales en los presupuestos, el endurecimiento de los requisitos para obtener ayudas y los cambios legislativos aplicados, patentes en la Ley de Dependencia, son algunos ejemplos.
En su lugar, el Gobierno está ejecutando una campaña de hechos y mediática  para justificar el sistema de beneficencia preconstitucional, que con tanto esfuerzo se superó.
Me parece lógico y natural; y me parece responsabilidad del resto de la población colaborar, sí, pero también lo es seguir luchando para que cualquier ciudadano, cualquiera de nosotros, en una situación de dificultad no se tenga que ver ante el desamparo de las Instituciones responsables.
No podemos dejar que se siga destruyendo lo que queda del Estado de Bienestar mientras nos entretenemos ayudando y aplaudiendo iniciativas del todo lícitas  que nos hacen sentir que estamos colaborando, aportando nuestro granito de arena, pero que
nos devuelven a un sistema de caridad.
Menú