EN POSITIVO

En los últimos meses se están sucediendo en las redes sociales diferentes campañas que pretenden disuadir a la población para que no compre o consuma productos o servicios promovidos en Cataluña, o de empresas cuyos directivos se han identificados con los grupos que están promoviendo la separación de esa comunidad autónoma del resto de España.

Estas campañas son una reacción a esa acción. Es una forma de mostrar a los ciudadanos que residen en esa parte de España el malestar existente en el resto del país.

Este comportamiento y este enfado pueden ser lícitos en una situación como la actual. Pero creemos que todo esto se puede ver desde otra perspectiva, desde un plano positivo. Podemos plantearnos en lugar de no consumir productos catalanes como reacción a esta situación, que consumamos siempre productos andaluces. No en contra de nadie, sino a favor de nosotros, del fomento del empleo en nuestra tierra, de nuestras empresas, de nuestras balanzas fiscales, etc.

Consideramos, que puestos a adquirir dos productos similares, es preferible optar por el producto andaluz, por los beneficios que genera en nuestra tierra en términos de riqueza y empleo, eso es comprar responsablemente, pensando en el presente y en el futuro.

A los andaluces comprar un producto no fabricado en Andalucía nos sale muy caro. Toda venta genera un “valor añadido”: el trabajo que se genera con la fabricación de ese producto, los salarios que perciben esos trabajadores y los bienes que adquieres con ellos, el beneficio para la empresa, el pago de impuestos, la generación de negocio, etc. El único beneficio importante que recibe el lugar dónde se realiza la venta es el de los puestos de trabajo derivados del aspecto comercial de la venta. Pero esto es solo una pequeña parte. Las empresas ingresan los impuestos generados por su actividad empresarial en la Comunidad Autónoma donde tienen su sede central, aunque estos impuestos se hayan cobrado donde se ha efectuado la venta. Esto origina, entre otras cosas, que los compradores, de hecho, financian a la Comunidad Autónoma donde se encuentra la sede, a través del pago de impuestos, incluidos en el precio de venta, en los impuestos derivados de los beneficios obtenidos por la empresa, etc.

Debemos tener en cuenta, también, que para poder fabricar un producto las empresas necesitan un número importante de trabajadores. Estas personas sólo pueden ser del municipio donde está implantada la empresa o de lugares cercanos.

Al mismo tiempo, la inmensa mayoría de las empresas encargan sus suministros a otras de su misma ciudad o alrededores. Productos, materias primas, publicidad, impresos, cartelería, transportes, cartonería, vigilancia, etc. Por tanto, salvo alguna excepción, la mayoría, no reportan beneficio alguno a la Comunidad Autónoma en la que venden.

Lo mismo podríamos hablar de la mayoría de las inversiones que se pueden plantear estas compañías, al margen de lo que estrictamente se refiere a la venta.

Desde estas páginas reivindicamos una campaña permanente y ciudadana que fomente el consumo de los productos andaluces. Siempre y en todo momento. En positivo. Sin ir en contra de nadie. A favor nuestro y de lo nuestro. En Andalucía disponemos de productos alternativos a esos otros productos que adquirimos y no son andaluces.

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