LAS PALABRAS SE LAS LLEVABA EL VIENTO

Se ha dicho tradicionalmente que las palabras se las “lleva el viento”. Pero eso era antes de que apareciera Internet, donde se podía poner a “caer de un burro” a alguien en la barra de cualquier bar o, en la mesa camilla, tranquilamente, se podía “cortar un bonito traje”, a la vecina… y las palabras se las llevaba el viento.

Ahora, debemos tener muy presente que lo que hacemos y decimos en Internet no es anónimo, ni se lo lleva el viento… afortunadamente. Somos responsables de lo que publicamos y decimos y si con ello incurrimos en alguna ilegalidad deberemos asumir las consecuencias que se puedan derivar.

Y es que, lo que probablemente no nos atreviéramos a decir en un entorno personal en el que hubiera unas cuantas personas desconocidas, por aquello, probablemente del “qué dirán” y el respeto a los demás, lo decimos, sin ningún tipo de problema, en redes sociales y de forma pública.

Muchas veces da la sensación que no nos damos cuenta de los efectos que pueden tener las redes sociales. Los comentarios no solo llegan a todos los seguidores, sino que se pueden amplificar hasta el infinito al ser compartidos por otros y además dejan de ser “borrables”. Aunque posteriormente nos arrepintamos, el mal ya está hecho, y la huella queda allí para siempre, aunque decidamos eliminar el mensaje.

Y es que en Internet, igual que en la vida misma, podemos opinar y dar nuestro punto de vista sobre todas las cosas, pero respetando la dignidad de los demás, sin insultar ni vejar a nadie…, y con la particularidad de que si lo hacemos a través de las redes sociales, quedará por escrito y de forma pública.

La gente se suele enfadar mucho cuando alguna publicación en redes sociales le pasa algún tipo de factura. Muchos, incluso, ven un intento de censura. Pero no, no creemos que la haya: en la red hay libertad de expresión, pero, también, deberemos asumir las consecuencias de no ejercer adecuadamente este derecho.

Cada vez es más frecuente que las empresas hagan un “barrido” por las redes sociales para saber qué tipo de opiniones tiene una persona candidata a un determinado puesto de trabajo antes de contratarla. Es algo lógico y entendemos que están en su derecho de hacerlo. Es lo que en el entorno empresarial se llama “compartir los valores de la empresa”.

Podríamos poner muchos casos para ilustrar lo anterior. Hace unos días, un Club importante de la primera división de futbol contrató a un futbolista para su equipo filiar. Tres horas más tarde anunciaban la rescisión de su contrato. El motivo eran unos comentarios realizados por el futbolista dos años antes en su cuenta personal de Twitter a favor del Club contrario y otros ofensivos sobre la Comunidad Autónoma del equipo que lo había contratado.

En este sentido, podríamos poner muchísimos otros ejemplos de políticos, deportistas, directivos de empresas, etc.

Muchas personas piensan que las redes sociales son malvadas por este tipo de situaciones, pero las redes sociales no son malas en sí mismas, sino todo lo contrario, lo que puede hacerlas malas es el mal uso que podemos hacer de ellas.

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