Los vinos de Montilla-Moriles, una de las cinco D.O.P. andaluzas que alzan hasta un 78% las exportaciones internacionales

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La Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla – Moriles es una de las cinco que se encuentran en Andalucía (Jerez-Xerès-Sherry y Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda; Condado de Huelva, Málaga y Sierras de Málaga). Todas ellas suman valor a la producción total de vinos, con una extensión de 15.672 hectáreas y un rendimiento total de 82,1 millones de litros y supera los 167 millones de euros (el 96,5% de los caldos comercializados, vinos generosos).

Estas figuras de calidad “abren la puerta” de los mercados internacionales a los vinos andaluces. Con estas palabras ha inaugurado el secretario general de Agricultura y Alimentación, Rafael Peral, la Jornada Vitivinícola promovida por Cooperativas Agro-alimentarias en Jerez de la Frontera (Cádiz), en las instalaciones de Bodegas San Ginés, del consejo regulador del Marco de Jerez, donde ha apuntado que el 78% de los caldos exportados por la región está reconocido por las hasta 5 denominaciones de origen o las 20 indicaciones geográficas protegidas que se distribuyen por las ocho provincias de la geografía de la comunidad. “Las ventas al exterior de estos productos que identifican a nuestra tierra dejan, en su conjunto, cerca de 120 millones de euros en nuestra balanza comercial agroalimentaria”, ha detallado.

El secretario general ha destacado que Andalucía tiene una “fortaleza” en la seguridad que otorga la singularidad del origen y la calidad reconocida de los vinos andaluces en un marco definido por una explosión de marcas y referencias, la microsegmentación de la oferta y modas cambiantes. Según Rafael Peral, “hemos de buscar nuevas formas de consumo y aprovechar las ventajas de las nuevas tecnologías para llegar a nuevos sectores de población, y adaptarnos a las tendencias y a lo que buscan los jóvenes”.

LA OPORTUNIDAD PARA EL ENOTURISMO

El entorno del vino es, como ha expuesto el secretario general de Agricultura y Alimentación, otra “oportunidad”, la de su vinculación con la cultura y la de su contribución “decisiva” a la preservación de la biodiversidad. El enoturismo y la enogastronomía son, en este punto, un “aliciente” ante un público “interesado en lo que hay detrás, en cómo se cultiva y se produce, en su historia y en el paisaje que lo rodea”, ha apostillado.

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