Receta de pastel a la Bangladesh

A pesar de su título, no es éste un artículo sobre gastronomía. En verdad, trata del desempleo en España. Lo he llamado así para intentar atraer tu atención, estimado lector, y espero tu indulgencia por el uso de esta inocente treta, que creo justificada. 
 
Me decidí a escribir estas líneas después de escuchar en un programa de televisión a un reputado economista que defendía como única forma de reducir el paro en nuestro país la llamada “vía Bangladesh de relaciones laborales”. Al principio, creí que se trataba de un programa de humor. Me equivoqué. Pero mi preocupación aumentó al conocer que el dicho reputado economista era asesor del actual Gobierno.
 
Su teoría era muy simple y se basaba en que  España debe imitar las políticas de empleo de países donde el paro es muy bajo. Por eso, si en el ranking de los países con menos paro en el mundo está Bangladesh, lo lógico es tener como modelo a dicho país asiático. 
 
En realidad, en Bangladesh no hay desempleo. Hay pobreza, pero no hay desempleo. También hay hambre en Bangladesh. Puede que parezca contradictorio que un país con una producción importante de alimentos y un crecimiento económico anual superior al 5 por ciento de su Producto Interior Bruto tenga una de las tasas de hambre entre las más altas del planeta. Ello es debido a que la mayor parte de lo que se produce es consumido en el extranjero, gracias a que sus gobiernos siempre han potenciado la economía exportadora, cosa envidiable para nuestro televisivo economista gubernamental.
 
Además, en Bangladesh, al ser los salarios extremadamente bajos, no existir protección social de los trabajadores y no exigirse medidas de prevención de riesgos laborales, la competitividad de las empresas es muy alta y las grandes multinacionales, especialmente textiles, están allí instaladas desde hace tiempo, generando ingentes puestos de trabajo incluso para niños menores de doce años. 
 
No sé por qué, pero, cuando terminó su discurso aquel individuo que presumía de tener la razón, tuve la sensación de que en España ya se está cocinando un gran “pastel a la Bangladesh” que, para explicarlo de la manera más comprensible posible, me atrevo a hacerlo como si de una receta culinaria se tratase:
 
Receta de pastel a la Bangladesh 
 
Úsese un trabajador que cobra un salario de 1.000 euros mensuales y despídase con una pizca de indemnización que apenas se note. Rellénese el puesto de trabajo vacante con 10 trabajadores retribuidos con salarios de 100 euros al mes, eliminando las prestaciones de la Seguridad Social para que la masa quede más ligera. Remuévase añadiendo una buena dosis de manipulación informativa y dos cucharadas soperas de patraña gubernamental. Introdúzcase todo en un molde rígido previamente untado con neutralizador sindical, que es un magnífico espesante y facilita la cocción. A estas alturas, espolvoréese con recortes en educación, sanidad y derechos sociales para potenciar el sabor. No obstante, dado que este tipo de recortes no son en absoluto atractivos a la vista, se aconseja que se recubran con azúcar glaseada y almíbar de competiciones deportivas, desfiles militares, alegatos patrióticos y fiestas populares.
 
Por último, métase la masa en el horno, el cual se ha debido precalentar con advertencias e informes institucionales apocalípticos y catastrofistas,  y manténgase a alta temperatura hasta que el bizcocho alcance la dimensión deseada.
 
De esta forma, el pastel habrá aumentado diez veces su tamaño, su sabor será exquisito y tendrá una presencia realmente apetitosa para corporaciones industriales, empresas multinacionales, entidades financieras y especuladores en Bolsa, que lo devorarán con fruición y, de seguro, quedarán con ganas de más. 
 
Ahora que conoces la receta, estimado lector, te toca a ti opinar, decidir y, ¿por qué no?, actuar.
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