LA COMUNICACIÓN HUMANA

Todos tenemos una necesidad de ser escuchados, de expresarnos, de relacionarnos de una u otra forma con aquellos que nos rodean. En definitiva, una gran necesidad de comunicación. Somos seres sociales por naturaleza y utilizamos la comunicación como vehículo de convivencia y resolución de conflictos.

            Constantemente compartimos nuestro “yo personal”, en mayor o menor medida, según nuestra personalidad, abierta o introvertida.  Expresamos nuestros sentimientos, emociones y estados de ánimo a diario. Aquí entran en juego cuatro acciones primordiales que están presentes en todo momento: HABLAR, ESCUCHAR, LEER Y ESCRIBIR. Estas actividades son denominadas habilidades lingüísticas y son una combinación de capacidades para usar el lenguaje apropiadamente en las diversas situaciones sociales que se nos presentan.

            De todas ellas, el hablar es la que más utilizamos, aunque últimamente, las Nuevas Tecnologías están restando protagonismo a esta capacidad, imponiéndose cada vez más el escribir. Es curioso observar el comportamiento de un grupo de amigos que estén reunidos. A veces, muchos de ellos, o de nosotros, incluyámonos todos, en esos momentos usamos el móvil para comunicarnos, de forma escrita, con otras personas que no están presentes, dejando escapar la oportunidad, puede que irrepetible, de compartir un encuentro presencial, un vis a vis, tan necesario hoy día y tan lleno de sentido.

            Hablar consiste en emitir sonidos articulados o palabras. Estas, en un principio, se realizan por repetición, sin sentido, para ir adquiriendo poco a poco un mayor significado relacionándolas unas con otras.

            ¿Hablamos cada vez menos? Si tuviésemos que contestar a esta pregunta habría variedad de opiniones, sin embargo, debemos ser conscientes de que la expresión escrita se está implantando a una velocidad casi inexplicable. Los motivos pueden ser muchos y diversos: timidez del emisor, falta de tiempo, comodidad, rapidez en la comunicación…

            Al hablar no sólo utilizamos nuestra voz, igualmente lo hacen nuestros gestos, expresiones faciales y movimientos corporales….todo aquello denominado “lenguaje no verbal” que incluye una información complementaria e indispensable al mensaje de nuestro interlocutor y que depende de nosotros (los receptores), el saber apreciarla debidamente. Si la persona que nos escucha nos conoce bien sabrá distinguir con una sola frase nuestra cómo nos sentimos ese día: tristes, cansados, contentos, decaídos, enérgicos u optimistas.

            Aprender a leer las señales del lenguaje no verbal nos ayuda a comprender mejor a los demás y a expresarnos con más convicción. Usamos multitud de gestos al hablar. Unos indican inseguridad, incomodidad, incredulidad…otros, por el contrario, expresan entusiasmo, alegría, seguridad. De todos ellos, creo que la sonrisa es el que más nos acerca a los demás. Las personas que sonríen con naturalidad, lo que se conoce como “sonrisa de Duchene o verdadera”,  transmiten ser auténticas y transparentes, ganándose la confianza del que dialoga con ellos y causándonos una sensación de bienestar muy agradable.

            Si hablar es importante, aún más lo es su antónimo, callar. A veces, es mejor usar el silencio o aprovechar el recurso del “disimulo” para no herir a los demás con nuestros comentarios y así facilitar la convivencia. Hay personas que constantemente disfrazan sus emociones para no entrar en conflicto con los demás.

            Hablar está muy relacionado con escuchar. A través de la escucha comprendemos a los otros. Escuchar es necesario para entender aquello que quieren decirnos los demás. De todas nuestras habilidades es de las primeras que empezamos a utilizar, incluso antes de nacer. Un bebé es capaz de reconocer la voz de su madre o la música que escuchó cuando estaba en su vientre.

            Muy pocas personas son capaces de escuchar activamente, puesto que esto implica no sólo poseer la aptitud de escuchar lo que se expresa directamente, sino también la de captar los sentimientos, ideas o pensamientos implícitos en la misma. Sólo personas con una gran capacidad empática serán ideales para practicar la escucha activa, pues la empatía está muy ligada al saber escuchar.

            Podemos afirmar que nuestra habilidad para escuchar es directamente proporcional a nuestra capacidad para comunicarnos. Estoy segura de que si escucháramos más nuestro aprendizaje sería mucho mayor y de una mejor calidad.

            La sinceridad se puede presentar como un arma de doble filo porque nuestra intención al expresarnos puede diferir de la interpretación del que la recibe. Aquellos que más nos quieren son los que siempre nos van a decir la verdad, aún a sabiendas de que nos duela o no nos guste.

            Algunos estudios han revelado que las mujeres mostramos una necesidad de hablar superior a la de los hombres. Ante una situación de nerviosismo optamos por hablar porque, en cierta medida, esto nos alivia. Esta curiosidad puede explicar que utilicemos al día casi el doble de palabras que los hombres, posiblemente porque a la hora de explicar o contar algo lo hagamos con más detalle, puede que innecesario, pero cierto.

            Nuestra impaciencia a la hora de hablar nos hace interrumpir a nuestro prójimo. Se hace necesario aprender a escuchar, y lo haremos en la medida que usemos adecuadamente nuestra capacidad crítica, atención, respeto e interés hacia la persona que habla. Es muy difícil escuchar “bien” a los demás. Indudablemente las personas que mejor escuchen sean las preferibles para custodiar los grandes secretos.

            LEER Y ESCRIBIR son los otros dos actos estrechamente relacionados con la comunicación. Al leer descodificamos un mensaje, desde unas simples instrucciones hasta una tesis elaborada. Leemos libros, informes, periódicos, anuncios, notas, señales, estados en las redes sociales, mensajes de móvil…en el trabajo, en la casa, en el colegio, en el tren, en el supermercado…solos o acompañados. Diariamente lo hacemos y casi sin reparar en ello y en las veces que repetimos esta acción tan primordial en nuestras vidas. Escribir consiste en expresar ideas mediante símbolos. Nuestros antepasados nos dejaron multitud de escritos en forma de dibujos o símbolos que más tarde se han ido transformando en letras agrupadas de una u otra forma según la cultura de procedencia. Por medio de la escritura nos comunicamos
y expresamos.

            A lo largo del día escribimos varias veces usando el móvil o el ordenador, principalmente y empleando unos símbolos no muy alejados de aquellos dibujos y representaciones conservados en las paredes de cuevas, los tan conocidos emoticonos para expresar con imágenes acciones o estados de ánimo.

            La próxima vez que estemos escuchando a alguien, tal vez tengamos más presente la frase que Goethe nos dejó “Hablar es una necesidad, escuchar es un arte”.

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